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Pablo Milanes vino canto y se fue de Merida

Cantos de nostalgia y desamor, música de arrebatada melancolía, la reinvención de la tristeza con ritmo cubano, fue lo que impregnó el programa presentado por el cantautor Pablo Milanés durante la apertura del FICMaya 2015. Y claro, la mención a los 43 de Ayotzinapa fue parada obligada en el recital. Temas de su más reciente producción, titulada “Renacimiento”, fueron los que integraron la primera parte del evento, aunque los combinó con piezas que le han dado fama internacional, como la ya clásica “Cuánto gané, cuánto perdí”, “De que callada manera” y, con arreglos especiales, “El tiempo, el implacable, el que pasó”. En general, el autor de “Yolanda” eligió presentar canciones que invitaban a sentir sobre el amor perdido y el amor recuperado, o la resignación. Tocó muchas fibras. La calidad profesional de Milanés lució únicamente lo justo, de voz bien conservada, con dominio preciso del público. Aunque fue un concierto sin grandes sobresaltos, hubo un momento en el que las autoridades presentes sintieron escozor, y es que en pleno interludio entre “Renacimiento” y sus obras más populares, Pablo condenó los hechos ocurridos en Iguala. Manifestó su empatía con los padres de los 43 desaparecidos de Ayotzinapa y, con más amplitud, hacia el pueblo de México. Su discurso, a decir verdad, arrancó sendos aplausos. No obstante, como si nada hubiese ocurrido, continuó la velada con “El amor de mi vida”, lo cual dejó en el ambiente un leve tono de ironía telenovelesca, una ironía que gustosos corearon quienes minutos antes festejaban a palma batiente las palabras contestatarias del cubano. Y así prosiguió la noche. Aunque de momentos la audiencia se percibía contenida, durante la interpretación de “El breve espacio” sus voces inundaron la Plaza Grande con los célebres versos: “La prefiero compartida/ antes que vaciar mi vida/No es perfecta mas se acerca/a lo que yo simplemente soñé”. Pablito, como le dicen de cariño sus seguidores, tiene ben estudiada esta reacción, que es la constante en todas sus presentaciones. Sabe lo que mantiene su carrera. Antes de que concluyera el concierto, fueron cientos de personas las que abandonaron el lugar cuando el cantautor se retiró del escenario por primera vez, pese a que en el programa de mano quedaba por ejecutarse “Para vivir”. En estos ardides, hay que reconocer la sinceridad del yucateco Sergio Esquivel, quien al llegar a ese punto de todo recital casi siempre dice: “Este es el momento en el que hago como que me voy, ustedes hacen como que aplauden y piden otra, para que regrese y les cante tres más”. En el caso del concierto de Milanés, ese ritual fue totalmente desangelado. Efectivamente, el público que quedaba aplaudió y aplaudió y gritó ¡otra, otra, otra! Y bueno, volvieron los músicos a completar la función y nada más. Empezó la desbandada final del auditorio que, de alguna manera, estaba satisfecho con eso, sin mayores exigencias y sin esperar mayor entrega del artista. Así, la Plaza Grande de Mérida inició su retorno a la normalidad de los trovadores que la pueblan el resto del año. Es cuanto les cuento. Por Alejandro Pulido Cayón En Twitter: @alexpulidocayon

19 de Octubre del 2015

 

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